Y ya no le temes a la muerte, ni a la soledad. Ni siquiera a las noches de frío...
Lo que más te atemoriza es que no sea verdad, que lo hagan solo por ti. Porque les invade la compasión. Y que no lo sienten, aunque lo digan. Y que aunque lo digan, no lo sientan. Y que aunque lo sientan, no lo digan.
Eso era lo que le rondaba aquella noche por la cabeza
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jueves, 22 de enero de 2009
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